Por Raúl Pino. Investigador Joven, Ingeniero Civil Industrial y Diplomado en Educación Ambiental para el Cambio Climático.
Niños, niñas, adolescentes y juventudes deben aprender a cuidar el planeta tanto como aprenden matemáticas o música. La gran virtud de la educación ambiental es que no compite con otras áreas, las enriquece integrando conocimientos, explorando curiosidades y promoviendo decisiones integralmente responsables, viendo en lo cotidiano los efectos de co-habitar un medioambiente.
Los adultos también deben aprender sobre el cuidado del planeta. Hemos sido testigos de cambios drásticos en los últimos 30 años, pero también hemos adquirido nuevas herramientas. Para educar y educarnos, debemos tomar la oportunidad de combinar lo analógico y lo digital para crear experiencias educativas que desarrollen sinergias entre estudiantes, docentes, familias y comunidades.
